UNA TARDE

Me fui a recoger  mis fotos de la cámara que generosamente me regaló c, ilusionada de lo que podría salir; salieron como veinte de las treinta y seis que trae el rollo,  y no todas espectaculares, aunque si hubo una que valió todas las demás. Salí como a las cuatro con una tarde linda, bochornosa y acogedora, los observaba a todos y ellos lo hacían conmigo como un impulso natural, yo siendo una más de los cien que estaban asomados por ahí y coincidieron a esa hora  y yo imaginándome historias con cada uno de ellos, siempre he pensado que aquí el tiempo se queda pasmado en un pequeño infinito, los días pasan, los meses, los años y las campanas suenan seguido a las tres de la tarde  anunciando otra cara que no veremos más por ahí  los domingos, pero los días siguen siendo los mismos que habitan mis recuerdos saliendo a las cuatro de la tarde a  hacer mandados de la casa de don Vicente.

Baje por toda la tercera, las personas hacían lo que hacen siempre un día  de no mercado, entré al sitio  de fotos que aun sobrevive dignamente en esta era digital, reclame el revelado, salí y  observe nuevamente la alameda, algunos tomando tinto en la panadería de la esquina, con los ojos entrecerrados por la luz se me paso por la mente:   nunca nada puede evitar un tinto a media tarde ni siquiera este sol. Subí por el parque enrollada en el negativo mientras con escrutinio revisaba la película y verificaba el resultado de mis primeras tomas con la Pentax K1000,  escuche a lo lejos la propaganda del circo en el medio de comunicación más efectivo aquí, el perifoneo.

Vi la iglesia abierta: sentí la necesidad de entrar , estaban cuatro personas, dos mujeres al frente, un hombre y a su lado una niña. Me hice en las bancas de atrás, me arrodille y hable un buen rato con Él.
Al terminar no salí por la nave izquierda por la que había entrado, crucé toda la iglesia hacía la nave derecha y por impulso incontrolable, no consiente me detuve justo en el centro, respire, vi el altar  con la Virgen del Carmen al fondo, las flores agachadas un poco haciendo frente  al llamado urgente de marchitarse y pensé: Aquí estaré cuando muera como esas flores, aquí me iré y me despedirán para siempre y nunca sentí tanto  este lugar como mi hogar, siempre he dicho que uno es de donde tiene el corazón,  hoy pienso que uno es de donde quiere morirse.

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