UNA NOCHE.
Me dolían los pies, no soportaba los zapatos que tenía, estaba cansada, solo deseaba una cama y mis ojos se estaban dando poco a poco por vencidos, no había un sólo carro y sentada en una silla de palos, veía pasar los despojos que deja una noche de mucho alcohol y fiesta popular. Sentía una envidia peculiar de imaginarlos que ya pronto estarían en sus camas o en cualquier corredor de algún vecino, pero al fin y al cabo descansando. El ambiente olía al revuelto de cerveza y aguardiente, era mi misma respiración y observaba como se movían los listones rojos y verdes, me apoye en su hombro y ya mi nariz no olfateo la mezcla de la noche, si no un perfume abrazador, que combinaba perfecto también con su aliento de pecado, avisando lo que pronto pasaría.
Hablábamos de estupideces que no recuerdo, y por micro segundos nos mirábamos la boca, yo me mordía los labios, no se si él se daba cuenta pero yo si repase en mi mente lo que podría pasar, me saboreé, lo deseé, y solté una sonrisa con malicia aprobando.
Después de eso, nebulosa, pequeñas fotografías en mi mente, de su respiración pausada, de sus ojos fijos, sin pestañear, y palabras entrecortadas comprobando que: ¡Si! estaba sucediendo.
Hablábamos de estupideces que no recuerdo, y por micro segundos nos mirábamos la boca, yo me mordía los labios, no se si él se daba cuenta pero yo si repase en mi mente lo que podría pasar, me saboreé, lo deseé, y solté una sonrisa con malicia aprobando.
Después de eso, nebulosa, pequeñas fotografías en mi mente, de su respiración pausada, de sus ojos fijos, sin pestañear, y palabras entrecortadas comprobando que: ¡Si! estaba sucediendo.

Comentarios
Publicar un comentario