¡SIEMPRE INDIAMENTA, NUNCA GENTE DE BIEN!

 


Objetivo: Con una intención clara de resistir al monologismo histórico usado frecuentemente para entender las posiciones del yo y del otro, que encontramos incluso en muchos dentro de la academía esta ponencia es un ejercicio periodístico, que trata en su que hacer y en el mismo tejido realizar una reflexión sobre las palabras como instrumentos de poder y la prensa como un movilizador para que unas historias tengan más valor que otras. Una crónica o más como diría Gabo: un cuento que es verdad, que se ubica espacio temporalmente en conceptos clave del viaje que fue el seminario de socioeconomía . 



Era en punto de las 12,  en el pueblo donde la puntualidad del almuerzo es ley, como el tocar de la campana gigante en la iglesia. Retumbó mis oídos, encontré una mesa cerca a la ventana, inmediatamente después un hombre de mediana estatura, bigote, sombrero y ruana se sentó en mi mesa - disculpará usted señorita pero esta mesa es mía y no lo digo para que se levante sino que justamente es una mesa especial porque siempre hay con quien hablar de alguna cosa- 


Sonreí invitándolo a sentarse. 


Jorge Alirio como se presentó después, nació, creció y posiblemente morirá en ese pueblo que tanto amor le representa y el objeto de sus más profundas lealtades. 


-Mija ¿y usted qué hace?


Justamente hice una pausa, sonreí con un poco de angustia; acabo de renunciar a un trabajo de muchos años, yo soy periodista pero estaba desempeñando otro rol, ahora buscando algo nuevo.


¡Uy periodista! hizo una pausa incrédula, pero eso como que no es tan bueno, disculpe que lo diga pero antes los periodistas tenían mucho criterio eran como la voz de Dios para nosotros, los comunes, pero ahora uno no sabe ni de lo que hablan. Son unos arrogantes, unos regidores de las buenas formas.  


Hubo un silencio reflexivo y pude traer a mi memoria la eterna lucha por la circulación de la palabra y es que esa banalización del poder que genera el “exceso de visión” diría Cristina Rojas  que han gozado los dueños de una civilización analfabeta nos han llevado a vivir en las reglas escritas, en una tierra ya trazada,  por unos “merecedores” y es que justamente las palabras no pueden separarse de la posición de poder del hablante. 


Ya eran las 12 y 15, iba a preguntarle en ese momento a -don-  Jorge Alirio, con inmensa curiosidad a qué se refería con arrogancia, pero llegaron las entradas; una sopita caliente de cuchuco.

¿No se habrá sentido mal por lo que dije? le confirmé que no e inmediatamente hice mi pregunta. Con un interés absoluto por contestar, como para que no se le escaparán las ideas terminó la sopa de un sorbo. 


Imagínese que yo trabajo desde hace mucho tiempo y siempre he sido de poaquí´ mi finquita siempre fue mía incluso de sangre, desde cuando éramos libres en esta tierra, ¿desde la independencia? interrumpí-   no mija, desde  antes que la sangre pura viniera a “mancharse de la tierra”, antes que mi finquita pertenecería a una gran hacienda, entonces yo la siento como mía porque mucha sangre sucia se ha derramado para que yo sea el dueño, porque esas gentes de abolengos por ser ellos y tener unos linajes se proclamaban amos y señores, yo no podía ser dueño porque no era de origen noble, aunque ahora me digan “don Jorge Alirio” se rió con malicia. 


Entonces vea, a mi la política me gusta, siempre he estado pendiente de ella, he escuchado a los políticos, he escuchado a los periodistas, he escuchado a mis vecinos sobre cómo es eso de la vida de este país; ese relato de nación en el que nos dividieron y me ubicaron en un margen, donde no me preguntaron quien era, ni lo que sabía; solo dijeron que yo era ignorante, sucio y que no se hablar. 


Imagínese que yo me levanto a las 3 am,  camino al páramo donde tengo unas vaquitas y las ordeño, la leche debe  salir a caballo hasta la planada a dos horas para que los que la recolectan la puedan llevar a todas esas multinacionales que dicen hacer productos de alto valor, claro mis vaquitas están bien criadas. Imaginará usted mi sorpresa cuando en la televisión salen hablando tanta barbaridad en general y uno no sabe si vive en la realidad o en esas tierras salvajes, llenas de gentes perezosas y brutas. Y yo me sentí re ofendido porque mija bruto no soy: yo sé en qué momento las vacas se ordeñan, en la madrugada desde la tarde anterior se separa al ternero para que no mame, entonces se logra producir suficiente; pero  en el día se dejan juntos porque claramente los mayores merecedores de esa leche  son sus hijitos, esa es la forma en que nosotros los del campo equilibramos lo que nos da naturaleza, no como ahora que el ternero nunca prueba leche de su mamá, también  reconozco el buen pasto, el que da la buena leche, ese que llena de reconocimientos a todos esos conglomerados y pa más piedra me vienen a decir perezoso. 


Porque en esos medios es como si hablaran de tierras de nadie, como si nadie las habitara, como si estuvieran en los mismos confines del fin del mundo y ríase no estamos ni a una hora de la capital. 


Sabe que estoy de acuerdo, le dije con mucha admiración:  yo alcancé a estudiar periodismo cuando aún promulgaba la importancia de la prensa libre, porque es el sentido universal del cuerpo político porque son determinantes para elogiar o repudiar costumbres, leyes y el mismo gobierno. Eso siempre lo que más me atrapó,  la intención clara y teórica de ser “contrapoder”, ahora no sé si en algún momento eso pudo ser verdad, pero ahorita los medios de comunicación son el poder mismo. 


Faltaban veinte minutos para la una, coincidimos en lo bien sazonado que estaba el sudado y continuó diciéndome: sumercé si vió eso de la “indiamenta” que al político este Quintero en la entrada de esos clubes finos le dijeron, mi sorpresa vino porque yo ni siquiera considero a ese político de la  indiamenta imagínese si él es eso ¿qué seríamos nosotros?, entonces prácticamente somos una ofensa, somos un movilizador  para justificar violencia, entonces qué somos, lo que ellos dicen de nosotros. 


Continúe la conversación: qué extraño es eso de no pertenecer, de uno saberse de un lugar y pisar lugares que según no sé quién no le pertenecen, lo digo porque yo tantas veces me he sentido “indiamenta”, que aún en su propio cuerpo, como un territorio, como su finquita, le siguen exigiendo condiciones  para ser más merecedora, para tener voz como periodista y eso que le digo hace mucho no ejerzo. 


Es que ese es el punto querida amiga periodista, son unos arrogantes que defienden unos regímenes en que según ellos son la verdadera y única mirada. Por ahí escuché a uno de esos periodistas matutinos, diciendo que sí, que el comentario fue clasista, pero que los clubes son espacios privados y se reúne gente con intereses comunes, entonces al final como que justamente esos no son lugares pa quienes consideren inferiores. 


Ya sobre la una de la tarde, pedimos un tintico, no hay nada  mejor después de un buen almuerzo coincidimos los dos, le agradecí por tan enriquecedora charla,  porque me hizo recordar lo que hace el periodismo realmente, siendo la mejor noticia no siempre la que se da primero sino muchas veces la que se da mejor (García Márquez, 1996). Don Jorge Alirio me sonrió y dijo si ve, es la mejor mesa siempre hay charlas interesantes, solo hay que compartir la mesa y servir dos platos… 


Concluí  recordando a  (Bakhtin 1981) hay dos conciencias, dos intenciones de lenguaje, dos voces y por consiguiente dos acentos participando en híbrido intencional y consciente. 


Esquirla:

El bien hablar es á la manera de la buena crianza: quien la ha mamado

en la leche y robusteciéndola con el roce constante de la gente fina,

sabe ser fiel á sus leyes aun en las circunstancias más graves, y en estas

precisamente le es más forzosa su observancia. (Cuervo, 1954, como se citó en Rojas, [2001] 2023, p.134)


Ese “correcto” uso fue y es fundamental para establecer esas diferencias entro los grupos sociales y raciales, porque se determinaba hereditario como el color de la piel, la gramática y en este caso el “buen periodismo” son proyectos que buscar trazar esas fronteras necesarias entre los gobernantes y los gobernados, quienes componen el mundo no pueden ser unos cualesquiera, unos vulgares, una indiamenta. 


“Es el bien hablar una de las más claras señales de la gente culta y bien nacida y condición indispensable de cuántos aspiren a utilizar en pro de sus semejantes” quisiera dejar una pregunta abierta para reflexionar: Si la conformación de la nación a través de la prensa  cimentada en la configuración de una realidad, bajo un designio colonial basado en la ocupación y la explotación y una sensación ambivalente entre deseo y rechazo nos cuestiona actualmente ¿esa idea de nación cómo la atravesamos en la era de la posverdad?
 La posverdad como fenómeno socio-cultural-histórico-político-económico haya existido desde siempre ligada al ejercicio del poder, en estos momentos su emergencia ad- quiere nuevos y peligrosos matices por el impacto de las redes sociales en el mundo hiper- conectado en que estamos, en donde se descentraliza el poder, para tornarlo ubicuo, difuso, confuso, sin límites, como son algunas de las características de lo digital. En otras palabras, la posverdad adquiere otros funcionamientos complejos, porque con la cultura digital, que abarca el ciberespacio, el cibertiempo, el ciberantropo, produce y reproduce la hiperrealidad en que vivimos (Haidar, 2018:2).

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