RELOJ DE ARENA
Admiro profundamente con algo de recelo y envidia a las mujeres disciplinadas, que logran vivir su vida cumpliendo tareas diarias, con un gozo latente que "así se vive pleno". Quienes logran encontrar en lo matutino la acción de ejercitarse, arreglarse, salir al sitio de trabajo o hacerlo desde casa, adelantar su agenda y necesidades. No quiero hablar de "lo que se debe hacer" por lógica si no el ímpetu de sus acciones y como no logro esa motivación del deber ser a diario.
Hoy es de esos días de tantos, incluso me atrevo a decir la mayoría que solo sobrevivo. Que no quiero arreglarme, solo prendo el computador y realizo mis acciones diarias de trabajo, al oído de un podcast, una entrevista (mi genero favorito) que me sumerge a una especie de supra mundo, de imaginación y diálogos infinitos con posibilidades; en lo terreno respondo lentamente y mis tareas de siempre las hago sin prisa. Normalmente soy alguien que corre aunque nadie la persigue y mi motivación se ve reflejada en esa hiperactividad caótica y frenética. Consumo el mismo tiempo, pero la calma me hace sentir culpable, una duda de no hacer lo correcto y el "debería" con un escuálido deseo de cambiar o el más mortal "debí" me traspasa ese tiempo que ya perdí.
Concebirme desde el tiempo y sus afanes me dejan una clase de nostalgia que no se va y solo sirve de culpa, que no logro transformar en hacer y cambiar. Un reloj de arena que continua sin parar pero gira y me deja en el mismo lugar, repleta de dudas ese mismo camino que conozco y sé donde termina. Lo concibo de más, lo tengo presente para las decisiones, las dichas y los dolores aunque solo exista.
Ni siquiera uso reloj, no me gusta y pierdo el sentido de las horas después de las 3 pm, que en mi dictadura es donde debería comenzar el día e inicia para mi. A las cuatro estoy motivada, a las cinco me concentro y a las 6 comienzo a ejecutar pero es un pasadizo desértico, donde quieren disfrutar y descansar y yo producir, a esas horas la mayoría cierra y termina, incluso yo tengo un contrato que me lo dice. No es solo un desface de horarios, es que la vida cobra un sentido tangible, real, que controlo y disfruto. Soy consiente que hay más gente "nocturna" como yo pero no deja de ser un caminar desolado y recriminatorio. Me atraviesa el así no se hacen las cosas, como también desgasta; cómo sea debo despertar mínimo a las 7 am como todos los mortales, es más esfuerzo y no encuentro soluciones a un sistema que le funciona a la mayoría más que adaptarme.
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Mientras descubro cómo... seguiré siendo una Sylvie, creando variantes por lo menos en mi mente, sobreviviendo a la "AVT" que en mi cabeza es "optimiza el tiempo que se acaba". Aunque si vivir en este caos implica un Tom Hiddleston no estaría nada mal.
Lau I- escritora de garaje.


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