REGRESAR A CASA

El mismo camino, siempre regreso. No es la misma hora y definitivamente no soy la misma. Mi vida ha caminado este empedrado tantas veces, con voces entrelazadas y enredadas que no me dejan  en paz. Siempre voy imaginando cualquier cosa que mi aburrida existencia decida proyectar y en voz alta repito los diálogos de mis personajes. Ahí está, en la cima de la pequeña montaña  un animal sin forma, sale del árbol gigantesco de la Santa Cruz, tiene los ojos perdidos lleno de miedos pero, la sonrisa tierna de mi primer amor. La espalda es la del primer hombre que habito la tierra para cargar la existencia de la humanidad y sus piernas terminan en patas de centauros que parecieran darme una coz, mientras me carea. 

Desaparece por los extremos y regresa, extendiendo sus manos grandes y delicadas para acompañarme, no me molesta, solo continua dando zancadas mínimas para no dejarme atrás. Llegan recuerdos furtivos que idealizo con esa figura, narro lo que hice y lo que debí hacer, me avergüenzo de cosas que ya pasaron y no puedo cambiar. Lo repito en voz alta  como leyendo mentalmente una historia, - ¡basta! si deseo enamorarme de ti hasta los huesos, grite hoy en la encrucijada,  siento que en el pasado lo arregle. Ya no hay cuentas pendientes.

Asoman las casas conocidas, el prado verde, ese lugar  tan familiar, mi lugar seguro. Se quedan las historias, regreso a casa como siempre, aquí soy, un poco más sola cada año, a veces más feliz y otras triste o rota. Siempre sale la que ha llegado hasta el presente pero regresar a casa es vivir muchas vidas en minutos. 


-Lau, escritora de garaje. 

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