¡AY PERO QUÉ TORPE!

Admirar, aplaudir, insultar, putear, analizar, carcajearse, señalar. 

Todo esto puede sentir un espectador en cuestión de segundos, en un mismo sitio, mientras disfruta o padece un espectáculo, un partido, x o y circunstancia. Todos hemos sido espectadores y como esta vida va en circulo también  hemos estado en el centro del escenario; admirados, aplaudidos, insultados, puteados, analizados, carcajeados o señalados. Sírvase usted. 
Cuan payaso sin nariz en el visor de uno o muchos espectadores... 
Así no seas una estrella, un deportista o un personaje digno de aquel foco, pero en cada y única vida todos somos protagonistas...o antagonistas, no interesa. 

-Pienso y escribo esto mientras pido una hamburguesa para llevar- 

Desde que tengo memoria siempre he sido torpe, si torpe. Que se le lengua la traba, que se tropieza en cada hendidura que encuentra en su camino o que riega cualquier bebida en la mesa mientras una conversación animada hace que mis movimientos y mi control no coordinen, llevar un tinto caliente es toda una maniobra, chocar contra todo mi diario vivir, repetir las mismas historias 
e ir narrando y en la mitad de alguna se me olvide por completo lo que es...  y termine preguntándome ¿cual era el punto? 

Tengo que luchar diariamente contra muchas cosas, todos los días, a toda hora,  pero especialmente contra mi misma y mi torpeza porque siempre están ahí, merodeando, señalando con el dedo, sí,  los espectadores... 
Justo en el preciso momento que a mis músculos  y mi cerebro se desconectan por un segundo y no se les da la gana de trabajar juntos  y mi actividad motora le da por colapsar siempre hay un ente colocándome a prueba, con el tiempo aprendí a respirar  y a enunciar mis equivocaciones a todo parlante " ¡EY! SI YA LA CAGUE"

Los estudios hablan,  de falta de autoestima, enfermedades en el sistema nervioso o simple distracción, que sea  o no una patología no borrara el sello que angustiosamente siempre han osado colocarnos en la frente a personas como yo "bruta", es que eso de andar soñando despiertos imaginando mil mundos y no estar pendientes del tiempo presente o lo que trascurre al lado es un arma de doble filo pero no nos hace merecedores de tan triste titulo.  En casos extremos dañarse físicamente de gravedad, o otros casos  hacer el ridículo y lograr carcajear a unos cuantos espectadores, pan de cada día, aunque deja de ser problema cuando le pierdes el miedo y te ríes de si mismo, es que es incontrolable, una fuerza mayor se apodera de ti, de tus sentidos, de tu lógica y terminas metiendo la pata... hasta el fondo. 


Termino de escribir, pago mi pedido y me voy. Escucho las canciones de siempre, trato de subir el volumen no sin antes tropezar y me doy cuenta:  
¡BRUTA! la hamburguesa. 

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