HILAR...
Hilar lana es un arte... Como la vida de doña Julia Panche.
Una matrona bella, con ojos profundos, carácter austero y campesina neta.
Una mujer en todo el sentido de la palabra, desde muy niña conocía la palabra libertad y llevaba de cabestro el miedo como a los bueyes que toda la vida arreo hacia el páramo.
Siempre orgullosa dice que su apellido es herencia pura de los indígenas panche, guerreros por naturaleza que la cobardía de su padre no logro arrebatar al negarle el apellido,
Una matrona bella, con ojos profundos, carácter austero y campesina neta.
Una mujer en todo el sentido de la palabra, desde muy niña conocía la palabra libertad y llevaba de cabestro el miedo como a los bueyes que toda la vida arreo hacia el páramo.
Siempre orgullosa dice que su apellido es herencia pura de los indígenas panche, guerreros por naturaleza que la cobardía de su padre no logro arrebatar al negarle el apellido,
Panche nació y Panche morirá.
Fue, es y será valiente, Para decir las cosas como son y para criar ocho hijos y parir nueve, para enterrar a sus muertos. Una madre que aun recuerda con nostalgia en las nebulosas del olvido, una bebe de nueve meses que no alcanzo a decirle mamá, un ángel en la tierra con clériman orgullo de la familia, un hijo que una mina de carbón consumió y su Víctor, quien la dejo viuda de Quiroga como escribe cada vez que firma y en su cédula aparece.
El día que Don Victor Quiroga Quiroga le dijo "vamos a misa juntos"... por allá en 1950 era la forma de pedir matrimonio. La ternura y el carácter se casaron un ocho de diciembre para toda la vida con una comilona y parranda hasta el amanecer con el sonido del tiple que la peña consumió, aunque cada vez que pasa el aire de la cordillera ese pillo causante que la atención de la abuelita Julia se posara en el buen moso del abuelito Victor vuelve a retumbar en la memoria y el corazón, mientras prepara las arepas y la estufa de carbón herve la humareda con un suspiro sale por el buitrón...
Aunque los 91 años a Doña Julia ya no la dejan ver con claridad, hila como si tuvieron los ojos de su nieta de quince, conoce el procedimiento, desliza y ata la lana por el huso, hace girar la tortera y el hilo se tuerce a medida de las vueltas a menudo se detiene y enrolla la hebra producida, es un proceso catártico solo con verlo suave por momentos y con una fuerza descomunal en otros...
como la vida misma.

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