YO HABLABA DE LA SOLEDAD COMO SI LA CONOCIERA.

Yo hablaba de la soledad como si la conociera, a veces le reprochaba severamente porque osaba acompañarme. Le reclama injustamente a la vida porque estaba en ese estado tan lamentable, sola.

Pero no era así... no la conocía. Ni siquiera había intentado tocar mi puerta, yo no sabia lo que era dedicar cestas al cielo, beber sola cantando alguna canción  que exija el grito herido, no sabía lo que era jugar para alguien diferente que no me grite  ni me quiera tanto para que me exija.. ni sabia lo que era pasar un sábado sin la invitación bella de películas y besos.

No sabia lo que era desear hablar horas interminables con mis amigas y que ahora estén lejos, que no haya onces en la casa de ella, ni bailes, ni tardes en el parque de mi pueblo chupando helado de maracuyá.

La soledad es difícil y es prima lejana de la independencia, esa tan anhelada y tan severa. Yo la veía a diario en otros ojos, en los de mi abuela mientras hila lana y extraña a sus muertos, en los de los ancianos que se emparedan en un ancianato, en quien no puede celebrar sus logros con un alma dispuesta a brindar. Cuando transito por la sexta huele a soledad, cuando miro hacia arriba en los edificios altos también, en los que ven su tierra en el horizonte y piensan en sus animales, en el viajero, en el sedentario con su única compañía, sus fantasmas, en el etéreo y en el fugaz.

Y ahora la vida se encarga que  todo el mundo me este dejando sola, siempre supe que ese día llegaría pero contaba con los primeros que se fueron, Y no he de mentir por mi culpa, porque las palabras como sanan destruyen, porque las actitudes negativas arrasan como si fueran cual huracán y aveces, solo a veces, las lágrimas no son suficientes.


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